intrépidas oscilaciones van desgarrando
el empobrecido pelaje de clérigos santiguados con el fervor
de luciérnagas
un accidente deforma su silueta mal pintada
y despeina la sutileza de diamantes cubiertos de sal
la noche recoge los vestigios de olores disolutos
de mármol carcomido por quien le echo un vistazo
a las paredes desiertas
por aquel que prefirió congelarse en parábolas
resguardados quedan los amaneceres escarchados
sus pestañas fabricadas de rocío acumulan la dicha
mientras quien lleva los ojos en la espalda
no duerme ni sueña sobre alfombras de plumas
jueves, 4 de diciembre de 2008
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